Técnicamente, el término cristal no se aplica al vidrio, ya que éste, por definición, carece de estructura cristalina.
Ahora bien, el uso de éste sigue siendo popular por razones históricas y comerciales.
En este sentido, para que una copa para vino pueda ser considerada como de “cristal de plomo”, tiene que llevar al menos un 24 % de su composición en plomo.
Las copas se pueden hacer a mano o mediante maquinaria, pudiendo existir por tanto, cristalería con y sin plomo.
El plomo realzará la brillantez de una copa, aportando además flexibilidad. Al mismo tiempo, una de las características más importantes es que el plomo crea unos micro-poros en el interior de la copa, así, cuando movemos la copa en círculos, el vino golpea contra esa pared interior porosa, adhiriéndose a éstos.
¿Y qué ocurre al mover el vino en la copa? Se produce un aumento de la evaporación con un consecuente incremento de los desprendimientos de los
aromas.
Efectivamente el plomo es un material tóxico, pero la utilización de copas y decantadores de crist
al de plomo no se considera que represente un riesgo significativo para la salud. Esto es debido a que al encontrarse en la cristalería en estado sólido, es muy difícil que se pueda combinar con los jugos gástricos.