Todos los que hemos recibido comensales en casa estas navidades, hemos querido agasajarlos con las mejores y más abundantes viandas, suponiendo esto un desfase en la economías familiares.
Una vez pasadas estas fechas señaladas, ¿en qué casa no han quedado alimentos sin consumir? ¿Podemos aprovecharlos de alguna forma?
Mi consejo es que los “transformemos” en otros.
Por ejemplo, los asados de carne y pescado. Podemos picar lo que nos ha quedado y utilizarlo de relleno de pimientos del piquillo, chipirones, canelones… cocinándolos con una sencilla salsa, resultará un plato muy apetitoso.
Si vamos a tardar más en consumirlo, es mejor añadir lo picado a una salsa bechamel, es decir, con harina y leche, y hacer unas croquetas. De esta forma se conservará más jugoso.
Los turrones es otro de los productos que más nos “sobran”. Una forma fácil de no seguir comiéndolo durante un mes más (seguramente muchos estarán ya con la dieta postnavideña) es hacer un rico helado con ellos. Simplemente, deshaciéndolos en un cazo con nata caliente (sin hervir) y metiéndolos después en el congelador unas horas.

En nochevieja es difícil calcular 12 uvas por persona y como nadie puede quedarse con menos, lo habitual es que al final compremos uvas para todos los vecinos del edificio. Añadiéndolas a cualquier salsa para carnes o pescados, le darán un sabor suavemente dulce que no nos decepcionará. Por supuesto con ellas podemos hacer múltiples postres diferentes, simplemente cambiando la fruta que solamos utilizar por las uvas: bizcochos, flanes…
¿Y el champán? Si está sin abrir no hay problema, pero si lo está, tenemos que saber que le da un toque excelente a las salsas de pescados y mariscos.
Esto son simplemente unos sencillos apuntes, pero cuantos más conocimientos tengamos en cocina, más facilidad tendremos, no solo de idear nuevos platos, sino de reinventarlos.
Gemma Berges Castejón
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